Una noche

5 09 2008

Tan solo hacía un par de horas que el taxi le había dejado en la puerta del hotel. Era la primera vez que viajaba por trabajo. Si, ese trabajo que iba consumiendo su vida poco a poco.
En cuanto llegue lo dejo, pensó ¿pero donde coño iba ir con la edad que tenía? Aquello era patético, él sabía que si le daban una oportunidad podía demostrar que era brillante, que podía llegar alto, pero esa oportunidad no llegaría nunca. Ésta puta sociedad lo había condenado, lo había convertido en un despojo humano.

En la pared un cartel de prohibido fumar y nada más, esa era la decoración de la habitación. Tumbado en la cama se puso a mirarlo y apuró las últimas caladas del cigarro. Le importaba una mierda el cartel.
Probablemente a esas horas estuvieran pasando alguna película antigua por la televisión, pero ni se molestó en comprobarlo, se levantó y se dió una ducha. Tenía que salir a dar una vuelta, no aguantaría mucho allí dentro.

Se vistió lo mejor que pudo y se miró al espejo. Terminó de colocarse y se guiñó un ojo. Hoy triunfamos, dijo en voz alta y rápidamente miró hacia los lados como si alguien pudiese haberle oído.
Salió de la habitación, bajó lo más rápido que pudo y vió que no había nadie en el mostrador, ¿donde coño estaba el viejo?. Que más dá, dejó la llave en el cajón, abrió la puerta y sintió como el frío le daba una cálida bienvenida.

Serpenteaba por las calles sin rumbo. No sabía donde estaba, pero poco le importaba. No quería saber que hora era pero debía ser tarde porque lo único que se oía era a los perros ladrar.
Llegó a una plaza, una plaza que tenía una fuente con el agua congelada. De buena gana se hubiera echado un trago. Se sentó en uno de los bancos y mientras recobraba el aliento pensaba en como volver hasta el hotel, porque la excursión había terminado.

En ese momento algo le hizo cambiar de idea. El chirriar de una puerta abriéndose hizo que se fijase en aquel oscuro callejón. A los pocos segundos, éste quedó debilmente iluminado y de él surgió una sombra tambaleante. Al salir del callejón la sombra tomó forma humana y tal como vino, se fué.
Si por allí había algo de diversión, debía aprovecharlo. Sin dudarlo se dirigió hacia la puerta.

A medida que avanzaba, la música proveniente de algún tocadiscos se hacía más fuerte, pero con cada paso, él se debilitaba. Tomó aire, abrió la puerta y entró.

Su primera impresión no pudo ser mejor, era el lugar perfecto donde cualquier hijodeputa podía ahogar sus penas sin llamar la atención, sin que a nadie le importase. Se dirigió directo hasta la barra, se sentó en la esquina más alejada y pidió una botella de lo más fuerte que tuviesen.
Tras aquella malévola sonrisa, el camarero sacó de debajo de la barra una botella sin etiqueta y se la puso delante.
Aqui tiene, disfrútelo. Lo haré.

Le costó terminarse la primera copa de un trago, joder, aquello estaba fuerte de verdad, pero poco a poco su garganta fué asimilando el dulce escozor.
Cayó en la cuenta de que estaba ensimismado mirando la botella, intentando adivinar el contenido y al apartar la vista se dió cuenta de que en el otro extremo de la barra había alguien. Entonces miró y la vió.

Con toda seguridad debajo de aquella exagerada capa de maquillaje se encontrase una mujer que contase con quince o veinte años menos de los que aparentaba, pero aún así había algo en ella que le llamaba la atención. También ella le estaba mirando y eso le dió mucho morbo.
En ese momento hubiese deseado tener suficiente valor para acercarse hasta ella, arrancarle la ropa y follarsela sobre la barra mientras los miraba el camarero.
Pero en vez de eso, levantó su vaso a medio llenar y señalando hacia ella, y girando levemente la cabeza, le hizo un gesto de invitación.
Pocos minutos después, compartían vivencias y vomitaban miserias. Ninguno de ellos necesitaba de un hombro en el que llorar, solo querían notar que el otro escuchaba o que al menos era capaz de fingirlo.

Cuando se terminó la botella, salieron del bar, del callejón y sin decir palabra, caminaron juntos hasta una casa. Ella entró y él cruzó el umbral tras ella. No tardaron mucho en desempolvar la pasión que ocultaban en algún rincón de sus desnudos cuerpos.

Aquella noche consiguieron olvidar quienes eran y llenar sus vacías vidas.
Pero fué solo eso, una noche.

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El viaje

29 06 2008

Durante esta semana he estado ausente y la razón no ha sido otra que un viaje de trabajo.

Aprovechando una fiesta que organizaban en tierras gallegas varias empresas del sector, a la que nos invitaba un cliente de hace años, mi jefe nos sugirió a un compañero y a mi el asistir y hacernos ver por allí. Ya que estabamos nos podíamos acercar a visitar a varios clientes que tenemos por la zona.

Yo, sin dudarlo, dije si, y mi compañero aunque le costó algo más, también. Asique el lunes a primera hora fuímos a Barajas y nos pusimos en marcha.

Aparte de hablar con cientos de personas, ponerles cara a otras tantas a las que solo conocíamos por teléfono y dejar abiertas varias puertas comerciales a posibles proyectos, nos hemos puesto finos. Pero así, como suena.
De hecho, ningun dia hemos comido ni cenado en el hotel, nuestros amables clientes se han encargado de que no nos faltase comida ni bebida en abundancia.

Aunque la noche, fué la de San Juan. En tierras de meigas es otra cosa, es diferente, tiene un algo, tiene encanto. Esa noche, mi compañero se quedó en el hotel porque el ribeiro de la comida había hecho mella en él, y nuestro cliente decidió que yo sería un buen acompañante para sus correrías.

Tras una copiosa cena, me llevó al paseo marítimo para que me empapase del ambiente de las hogueras. Y aunque yo me hubiese quedado allí hasta el amanecer, decidió que era mejor que fuésemos al garito de un amigo suyo, donde no terminábamos una copa cuando nos ponía otra.

Salimos de allí y me llevó a un puticlub de otro amigo suyo donde me lo presentó y en un gesto de amabilidad, nos habilitó un reservado donde durante toda la noche no nos faltó ni whisky, ni putas ni coca. Bueno, lo de las putas a mi cliente, porque tras un rato se subió con una a la habitación. Yo solamente me dejé meter mano.

La noche terminó con la promesa de que el año que viene si me es posible y mi jefe quiere, vuelvo. Me despedí de mi cliente con cierta pena y pasé por el hotel a adecentarme y recoger a mi compañero que seguía durmiendo.

Han sido un viaje que más que viaje han sido unas mini vacaciones donde me propuse una terapia de desconexión, me debía centrar en agradar a los clientes y establecer relaciones laborales.
Y creo que el tratamiento ha sido conseguido.





La boda

6 02 2008

Como ya sabíamos los más allegados, mi hermana se casa (con mi cuñao, claro) en un mes. Hasta ahora una pequeña parte de mi albergaba la esperanza de que alguno de los dos se echara para atrás, pero parece que no, la cosa sigue en pie. ¿A que va a ser ésto a eso a lo que llaman amor?

Total, que a mi por via directa, me toca ser el padrino, digámoslo asi. Y digo ésto porque en las bodas civiles los padrinos testigos no pueden ser familiares directos, asique un amigo de cada uno de los contrayentes estampará su firma y a mi me toca el trabajo fino, llevar a la novia, repartir los puros, invitar a cubatas… vamos, lo típico en estos casos.

Pero claro, aunque ésto sea una cosa alegre y festiva y ese viernes no tengo que ir a currar, no deja de tener su lado menos bueno. Por mi cuerpo no puede circular ningún tipo de sustancia alcohólica ni psicotrópica porque aparte de tener que conducir, tengo que estar en condiciones de ser capaz de poner buena cara y saludar a todo el mundo, incluidos esos familiares lejanos que solamente se ven en estas ocasiones.

Asique empieza la cuenta atrás, tengo que ir con mi cuñao a la prueba de su traje, comprarme yo uno, repartir invitaciones, ayudarles a ubicar a la gente en las mesas, llamar a hoteles/hostales/pensiones para que los familiares se queden a dormir…

Y esto no ha hecho más que empezar… TIC … TAC … TIC … TAC …

TIC …

TAC …