Y llegaron los reyes

5 01 2009

Pues si, unas horas antes de lo previsto, los Reyes Magos de Oriente han llegado hasta mi puerta. Y apunto han estado de pasar de largo por lo mal que me he portado, pero al final han llamado al timbre y me han dado dos regalos.


Ya que estabamos, les he pedido que me aceptasen una copita de pacharán por las molestias y con la excusa de que sobrellevasen un poco mejor el frio que pasarán esta noche.
Amablemente han aceptado y una vez se la han tomado, se han vuelto a poner las coronas y se han ido, no sin antes darme un recado.
Que este año no vuelva a ser el niño malo de 2008 o la próxima vez que nos veamos me darán unos azotes que probablemente les doliesen a ellos más que a mi.

Asique ya sabeis, portaos bien que dispuestos a ser originales, no les gana nadie.
Suerte.

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Una noche

5 09 2008

Tan solo hacía un par de horas que el taxi le había dejado en la puerta del hotel. Era la primera vez que viajaba por trabajo. Si, ese trabajo que iba consumiendo su vida poco a poco.
En cuanto llegue lo dejo, pensó ¿pero donde coño iba ir con la edad que tenía? Aquello era patético, él sabía que si le daban una oportunidad podía demostrar que era brillante, que podía llegar alto, pero esa oportunidad no llegaría nunca. Ésta puta sociedad lo había condenado, lo había convertido en un despojo humano.

En la pared un cartel de prohibido fumar y nada más, esa era la decoración de la habitación. Tumbado en la cama se puso a mirarlo y apuró las últimas caladas del cigarro. Le importaba una mierda el cartel.
Probablemente a esas horas estuvieran pasando alguna película antigua por la televisión, pero ni se molestó en comprobarlo, se levantó y se dió una ducha. Tenía que salir a dar una vuelta, no aguantaría mucho allí dentro.

Se vistió lo mejor que pudo y se miró al espejo. Terminó de colocarse y se guiñó un ojo. Hoy triunfamos, dijo en voz alta y rápidamente miró hacia los lados como si alguien pudiese haberle oído.
Salió de la habitación, bajó lo más rápido que pudo y vió que no había nadie en el mostrador, ¿donde coño estaba el viejo?. Que más dá, dejó la llave en el cajón, abrió la puerta y sintió como el frío le daba una cálida bienvenida.

Serpenteaba por las calles sin rumbo. No sabía donde estaba, pero poco le importaba. No quería saber que hora era pero debía ser tarde porque lo único que se oía era a los perros ladrar.
Llegó a una plaza, una plaza que tenía una fuente con el agua congelada. De buena gana se hubiera echado un trago. Se sentó en uno de los bancos y mientras recobraba el aliento pensaba en como volver hasta el hotel, porque la excursión había terminado.

En ese momento algo le hizo cambiar de idea. El chirriar de una puerta abriéndose hizo que se fijase en aquel oscuro callejón. A los pocos segundos, éste quedó debilmente iluminado y de él surgió una sombra tambaleante. Al salir del callejón la sombra tomó forma humana y tal como vino, se fué.
Si por allí había algo de diversión, debía aprovecharlo. Sin dudarlo se dirigió hacia la puerta.

A medida que avanzaba, la música proveniente de algún tocadiscos se hacía más fuerte, pero con cada paso, él se debilitaba. Tomó aire, abrió la puerta y entró.

Su primera impresión no pudo ser mejor, era el lugar perfecto donde cualquier hijodeputa podía ahogar sus penas sin llamar la atención, sin que a nadie le importase. Se dirigió directo hasta la barra, se sentó en la esquina más alejada y pidió una botella de lo más fuerte que tuviesen.
Tras aquella malévola sonrisa, el camarero sacó de debajo de la barra una botella sin etiqueta y se la puso delante.
Aqui tiene, disfrútelo. Lo haré.

Le costó terminarse la primera copa de un trago, joder, aquello estaba fuerte de verdad, pero poco a poco su garganta fué asimilando el dulce escozor.
Cayó en la cuenta de que estaba ensimismado mirando la botella, intentando adivinar el contenido y al apartar la vista se dió cuenta de que en el otro extremo de la barra había alguien. Entonces miró y la vió.

Con toda seguridad debajo de aquella exagerada capa de maquillaje se encontrase una mujer que contase con quince o veinte años menos de los que aparentaba, pero aún así había algo en ella que le llamaba la atención. También ella le estaba mirando y eso le dió mucho morbo.
En ese momento hubiese deseado tener suficiente valor para acercarse hasta ella, arrancarle la ropa y follarsela sobre la barra mientras los miraba el camarero.
Pero en vez de eso, levantó su vaso a medio llenar y señalando hacia ella, y girando levemente la cabeza, le hizo un gesto de invitación.
Pocos minutos después, compartían vivencias y vomitaban miserias. Ninguno de ellos necesitaba de un hombro en el que llorar, solo querían notar que el otro escuchaba o que al menos era capaz de fingirlo.

Cuando se terminó la botella, salieron del bar, del callejón y sin decir palabra, caminaron juntos hasta una casa. Ella entró y él cruzó el umbral tras ella. No tardaron mucho en desempolvar la pasión que ocultaban en algún rincón de sus desnudos cuerpos.

Aquella noche consiguieron olvidar quienes eran y llenar sus vacías vidas.
Pero fué solo eso, una noche.





Noche de fiesta

28 01 2008

Es sábado por la tarde, tengo ganas de fiesta y esta noche tú serás mi princesa. Me he pasado horas dentro de la bañera dándome un baño de sales aromáticas, me he depilado y me he aplicado una crema que ha dejado mi piel como la de un bebé.

Llega la hora y voy a tu encuentro. Allí estas, destacando sobre la multitud, estás más radiante que nunca. Tengo ganas de comerte, pero por ahora solamente saciaremos nuestra sed.“Camarero, 2 daiquiris por favor”

La noche avanza y con ella nos abraza el dulce tacto del alcohol que recorre todo nuestro cuerpo. El hielo se rompe y nosotros nos fundimos tras los eternos besos que nos damos y por los que nuestras bocas piden clemencia.

Las cálidas sábanas de mi cama arropan el carnaval de sexo que desplegamos. Durante horas, dias, nuestros cuerpos se retuercen al latir de nuestros gemidos.

El tiempo parece haber entrado en una pausa la que no quiero acelerar, y exhausto te miro mientras duermes. Tu dulce respiración me sosiega y el aroma que desprendes me cautiva. No puedo hacer otra cosa que mirarte sin decir nada.

Me despierto sobresaltado, busco tu sosegada compañía pero no la encuentro. Te has ido, y me has dejado una placentera sonrisa y un vacío al otro lado de la cama.