Happy new year

31 12 2008

Pocas son las horas que faltan para que la bola del reloj de la puerta del sol comience su particular descenso y con ello se lleve al 2008 y deje paso a un 2009 que viene pisando fuerte.
Miro hacia atrás y veo todo lo que me ha acontecido este año.

Los reyes me trajeron carbón, hice mi primer viaje largo en moto y para pasar frio, he plantado maria y no he tenido cosecha, se me ha jodido el portátil dos veces, he descubierto mi más oculto lado hortera, me he ido a la nieve, he cumplido un año sobre dos ruedas, he viajado con el curro, reviví un amor de verano, posteriormente ese amor de verano se vino a vivir conmigo, he hecho magdalenas, he puesto un arbol de navidad, habeis visto que también de pequeño era una preciosidad, he visto la cantidad de usos que se le puede dar a una moto, me he manifestado, me he vacunado y he pasado un reconocimiento médico, he sorteado un felpudo y alguien lo ganó, me he apuntado al gimnasio, han operado a mi madre y he donado sangre, he sido blog del dia, me he ido de vacaciones, he descubierto que no soy tan raro como me pensaba, he ido a una exposición y a una boda

Bufff, que de cosas ¿no?
Pues si, y otras tantas que no he nombrado, pero que las casi 80.000 visitas recibidas habeis podido leer.
Gracias, de verdad. Si pudiera besaros uno a uno para demostraroslo, lo haría.

Y aunque no vaya conmigo este tipo de materiales celebraciones,

¡¡¡ FELIZ 2009 !!!

Si después de todo esto, alguien se ha quedado con ganas de más, en estos enlaces podeis disfrutar del 2008 en fotografias. Pero ojo, que algunas son duras, impactantes, no aptas para personas sensibles.

Enlace 1, enlace 2 y enlace 3.

Anuncios




La primera experiencia

5 08 2008

Verano de 1986. Mundial de México.
A 9.000 kms de allí, en España y más concretamente en un pequeño pueblito de la meseta castellana, una familia se disponía a disfrutar de unos vacacionales dias en la parcela de unos tios. Entre ellos el protagonista de nuestro relato, un tímido niño de 10 años.

Aquella apartada y tranquila urbanización gozaba de lo que cualquier chaval deseaba, muchos niños, no había límite de hora y sitio por donde corretear sin peligro. Por las mañanas se juntaban todos y se iban a bañar, cada dia tocaba en la piscina de uno de ellos y por las noches se dedicaban a jugar a todos esos juegos que ahora veríamos estúpidos, pero que les tenían entretenidos hasta las tantas.

Tras unos dias podía decirse que se había integrado en el grupo, que se había hecho su amigo porque era uno más con el que contar, pero en su interior sabía que no era así. El se consideraba el recién llegado, un extraño.

Este recelo hizo que fuese cogiendo más confianza con una de las niñas, probablemente de su misma edad, que aparte de ser la más bonita que había visto, tenía una manera de ser muy similar a la suya. Quedaban cuando los otros niños no estaban e iban a todos lados juntos, no se separaban, daban la impresión de ser una pareja feliz. Y amparados por la oscuridad de la noche, agazapados entre los coches, daban rienda suelta a esos primeros impulsos que nacían de sus adentros.
Los primeros besos, las primeras caricias, los más íntimos contactos.

Ahí comenzó lo que podíamos llamar su primera experiencia sexual, aunque nunca pasase más allá de ardientes toqueteos.

Los dias pasaban y ellos iban reafirmándose, ya no les importaba que los viesen de la mano o no jugar con los otros niños al llegar la noche, preferían la complicidad de sus juegos privados. Llevaban su fogosidad, hasta donde su infantil conocimiento, consideraba el límite.

Pero un domingo por la tarde, todo aquello terminó. Ese niño tímido debía volver junto a su famillia al incesante calor de la ciudad.
En ese momento para él llegó el invierno, y tuvo la certeza de que había marcado un antes y un después en su vida.

No tuvieron tiempo de despedirse, tampoco tuvo la oportunidad de darle la carta que le había escrito en la última hoja de su cuaderno de deberes.
Mientras aquel viejo R4 empezaba a rodar, lo único que pudo hacer fué darse la vuelta y mirar a través del cristal, para ver si ella salía a despedirle.

Nunca más volvieron a verse, ni a saber el uno del otro. Lo único que guardarán para siempre es el recuerdo de aquellos felices días en los que su primera experiencia tuvo lugar.

– BASED ON A TRUE HISTORY –





Amor de verano

22 07 2008

¿Seguro que solo has venido para darte unos baños en la playa? Dijo ella, mientras exhalaba una bocanada de humo.
No, solo era una excusa para verte. Se acercó hasta la cama, se sentó en el borde y se quedó mirando su cuerpo desnudo. Ese cuerpo que durante tanto tiempo fué objeto de sus fantasías y hace un rato había sido suyo.
Pero que tonto eres, seguro que cuando vuelvas a Madrid ni te acuerdas de llamarme.
Seguro. Dijo el, mientras le lanzaba una malévola sonrisilla. Y le dió un apasionado beso, justo antes de agacharse a recoger el condón usado que había en el suelo.

Su historia, si es que podemos llamarla así, empezó hará cosa de veinte años.
Él era un niño tímido que como todo niño esperaba la llegada del verano para que se acabase el colegio y empezaran las vacaciones. En esa época, sus padres aprovechaban una casa que unos tios tenían en Valencia para pasar unos dias tranquilos. Para hartarse de sol y playa.
En aquella calle había muchos niños con los que podía jugar hasta las tantas y sus padres no tenían preocupaciones porque era un barrio muy tranquilo, donde no había coches ni jaleo.

Pero entre tanto juego, hubo alguien que poco a poco se convirtió en una referencia para él, un alma gemela de aventuras. Ella, su compañera de juegos más especial.
Por aquel entonces su visión de ella se limitaba a una chica con la que tirarse horas y horas jugando. Pero el tiempo fué pasando y los dos creciendo. Entonces esos juegos empezaron a dejarse de lado para dar paso a otro tipo de diversiones, diferentes. Llegaron los largos paseos por la playa, las intimas confesiones y los primeros besos fugaces. El sonido del mar rompiendo contra la arena fué el primer testigo de su amor de verano.

Un buen día esa casa se vendió y a sus padres no les quedó más remedio que que dejar de ir, no eran buenos tiempos económicos. Pero tres o cuatro veranos después, una vecina de aquella misma calle les llamó para decirles que alquilaba su casa, por si les interesaba, y durante una quincena de agosto fué suya.
El reencuentro fué mágico, maravilloso, hasta el momento en que ella le dijo que tenía novio. Entonces ya nada fué igual, los paseos por la playa, las interminables conversaciones y los inocentes besos, ahora los compartía con otro.
Pasaron los quince días y llegó la despedida, fué fría, insípida y con la forzada promesa de que volverían a verse.
Poco después él también se echó novia y al verano siguiente, sus padres alquilaron de nuevo la casa, pero él no fué, estaba de vacaciones con su novia.
Y ésto siguió así durante años, muchos años.

Hasta que hace unos meses, mientras miraba algunas viejas fotos de esos primeros veranos en las que estaban los dos, se dijo que iba a intentar cumplir su parte de la promesa. A traves de su madre, de la vecina que les alquilaba la casa y de varias llamadas, consiguió su móvil.
Dudó que hacer, si llamarle o mandarle un mensaje. Pensó que un mensaje iba a ser muy distante para una cosa así y podía no recibir respuesta, asique se armó de valor y lo llamó.
La llamada fué breve pero duró lo suficiente para conseguir arrancarle una sonrisa, él le había dicho que se iban a ver, en breve y después de tanto tiempo. Estaba pletórica, exhultante, hasta llegó a llorar recordando todo lo vivído.

El encuentro se produjo pasado un mes y la primera impresión fué rara. Los dos se quedaron estupefactos, durante unos instantes permanecieron inmóviles sin saber que hacer.
¿Le doy dos besos? ¿un abrazo? Pensó, pero antes de que pudiera contestarse a estas cuestiones, ella se abalanzó sobre él y lo abrazó con todas sus fuerzas. No pudo contener la emoción.
Se miraron a los ojos, se fundieron y sin necesidad de articular palabra, comenzó todo, otra vez.

Subieron a la habitación del hotel y estuvieron hablando hasta muy tarde, tenían tantas cosas que contarse que hasta se les olvidó que debían comer. Esa noche durmieron profundamente, juntos y abrazados.
El fin de semana fué inolvidable, intenso, agotador y como todo lo bueno pasó muy rápido. El tenía que volver a la gran ciudad, había obligaciones que tenía que atender.

¿Ha sido como tu esperabas?
No, mucho mejor. Y luchó para que las lágrimas no saliesen de sus ojos. No le gustaban las despedidas y no quería que lo viese llorar.
Para mí tambien.
Bueno, llegó el momento de irme, antes de que sea más tarde y la noche se me eche encima.
Cuídate.
Tu también. Y le guiñó un ojo mientras arrancaba su moto.

Se dieron un largo y cálido beso.
Y de nuevo se hicieron la promesa de volver a verse.